21 de febrero de 2011

Capítulo 18

Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado y Domingo. Si me dieran a elegir un día de aquella semana, no podría  decidirme. Todos podían contarse como increíbles, y lamentablemente, irrepetibles.

No logré acostumbrarme a despertar a su lado ni siquiera al quinto día, y eso que cada vez estábamos más y más pegados. No podía negar que cada vez me estaba gustando más lo de estar con él. Estar con él, no en un sentido de espacio y tiempo, sino en el sentido de estar con él como pareja. Claro que nada era formal… todavía. Me sentía demasiado atraída hacia él, casi incontrolablemente. Porque no pasaba un maldito segundo de mi vida en que sus mirada no se me viniera a la mente o en que no recordara alguna palabra dicha por él. Simplemente, yo estaba descubriendo lo que se siente estar enamorada. Y me estaba gustando muchísimo.

En un rápido resumen… viví algunos de los días más intensos de mi vida en esa semana. Cada mañana desayunaba con un hombre perfecto, y cada noche me dormía con la misma perfección a mi lado. Durante la mañana nos dedicábamos a ponernos al tanto de todo en la computadora, o nos ocupábamos de nosotros mismos… o comíamos, o hacíamos todo eso junto. Casi todos los días almorzamos en el departamento, excepto el viernes y el sábado, en que Joe me llevó a comer al Kings Road Café junto a sus hermanos. Por las tardes, él me llevaba a pasear, a conocer lugares en Los Angeles o simplemente a tomar un helado por ahí. Todos los días fue diferente, pero ninguno mejor que otro. Amaba salir con él, le ponía a todo su toque de diversión personal.

Tuvimos que escapar de los paparazis algunas veces, pero igualmente nos fotografiaron estando juntos, y lo peor, besándonos lo que llenó las páginas de chismes e incluso nos hizo salir en varios programas. Ya habían averiguado mi nombre, mi procedencia y mis datos. Y mi twitter – que no usaba desde la noche anterior al concierto – se había llenado de comentarios y de followers. Joe y yo entrabamos mientras desayunábamos y nos reíamos del enojo de las fans, que iba creciendo a medida que pasaban los días. Él también recibía este tipo de comentarios, aunque por supuesto yo era la más afectada.

Creo que el miércoles decidí que no podía posponer más mi llamado a Karen, porque ella, que usaba muchísimo twitter ya debía haberse enterado de todo. Y por supuesto, iba a estar muy, pero muy enojada conmigo por no haberle dicho nada. Así que le pedí a Joe que me dejara sola en la habitación por un buen rato, y él pensó que lo mejor era irse mientras tanto al gimnasio (su cuerpo sin remera era algo digno de guardar en la memoria). Usé el teléfono de línea, porque mi celular no estaba sirviendo para nada allí.

Después de varios timbrazos me atendió una voz conocida, pero que sonaba confundida.
-     
¿Hola? , Hi? – preguntó la voz, seguro había reconocido el código del número con el que la llamaba, por eso preguntaba en inglés.
-     
KAREN, KAREN, SOY YO! Emma!
-     
EMMA! AAAAAAAA dios, pensé que nunca volveríamos a hablar – la verdad es que sonaba feliz, pero podía distinguir algo de molestia en el fondo – ESTAS CON JOE? JOE JONAS? ESTA AHÍ? ¿Por qué NO ME CONTASTE NADA? ESTAS EN ESTADOS UNIDOS? EN LOS ANGELES?
-     
Si nena, estoy con él, pero no esta acá. Ya se que me querés matar y te entiendo, yo haría lo mismo si fuera vos, te juro… pero tenés que entenderme: todo se dio tan de repente, tan… tan… que no se como pasó.
-     
Espero que sepas, porque quiero que me lo cuentes todo y ahora mismo.
-     
Claro que si amiga, espero que esto no haya arruinado nuestra amistad, de verdad. Te pido por favor que no lo hagas público, ya viste como esta mi twitter y no podría soportar más de porquería de prensa. Es realmente insoportable.

Y así comenzó nuestra charla… que se extendió por dos horas. Pobre cuenta del teléfono de Joe, pero él tenía para pagarla. Claro que sí.




18 de febrero de 2011

Capítulo 17

Esa noche la cosa no había pasado ‘a mayores’ (ustedes me entenderán) pero él había sido demasiado tierno conmigo. Quizás más de lo que yo me merecería. Era todo tan irreal que al abrir los ojos no reconocí en donde estaba. La luz me daba exactamente en la cara, entrando de lleno por aquella gigante ventana que ocupaba toda una pared de la habitación, y se notaba que no era temprano. Pero no me importó.

Luego, me dí lentamente la vuelta y allí estaba él. Estaba tirado en la cama, pero a su lado había una bandeja con un par de cafés y unos muffins. Dios, había traído también el desayuno. Yo todavía estaba tendida ahí, pero él se acercó y me dio un besito en los labios.
-     
Good morning Emma! – dijo, y me pasó un café.

Desayunamos tranquilamente, hablando un poco, mientras nos terminábamos el café.
Eran las 11 de la mañana de un Lunes. En una semana volaría a casa y me traería todo. Quería que despertarme a su lado fuera algo natural, algo de todos los días; en ese momento supe cuánto sufriría si debía volver a la rutina sin él. Simplemente lo supe.

Él día se pasó a un ritmo muy diferente para nosotros, bueno, creo que para mí… ni siquiera se arruinó cuando tuve que hablar con mis padres. Fue un llamado rápido, y me recordó que Karen todavía existía y que me había estado buscando. Tendría que ocuparme de eso. Pero antes de que ni siquiera pudiera ponerme a pensar en ella, Joe trajo mi valija a la habitación y ambos (todavía en pijamas) acomodamos mi ropa en el enorme vestidor. Él tenía muchísima ropa, había más que en un local!, pero el lugar era tan gigante que lo mío solo ocupó una pequeña parte… y todavía sobraba espacio.

Joe se estuvo riendo un rato largo de mi ropa interior, que yo no había podido esconder bien con el apuro que tenía, como si fuera un nene chiquito. Me reí con él, y luego me adentré en el baño por casi una hora: me hacía falta un buen baño y un arreglo para mi pelo, que estaba hecho un asco.
Cuando salí, escuché ruido en la cocina y allí estaba Joe, sentado en el desayunador usando su laptop.
-     
¿Qué estás viendo? – le pregunté, aunque lo sabía.
-     Lo lindos que somos.

El ‘somos’ me pegó fuerte. Escucharlo de sus labios casi me emocionó, pueden creer que estoy loca, pero así fue.

Ocean Up, Just Jared y mil blogs más hablaban de nosotros. Y repetían las fotos del aeropuerto. Todavía no sabían quién era yo, me calificaban como ‘la desconocida’ o algo así. Pero supe que no faltaría mucho para que algún conocido de twitter me reconociera en las fotos y les pasara mis datos. Y ahí sí, con Ray Bans a todos lados. Pero la verdad, es que tampoco me importó demasiado.

En ese momento tenía un día, una semana completa 100 por ciento para compartir con el amor de mi vida. Con Joseph Adam Jonas.

¿Qué más podía importarme?.



14 de febrero de 2011

Capítulo 16

Joe se sacó las gafas y yo lo imité. Me miró con sincera alegría a pesar del cansancio evidente.
-     
Ya estás acá Emma! Esto es Los Angeles… - dijo, y con una mano me tocó la mejilla cariñosamente.
-     No puedo creer que de verdad este pasando esto Joe! – le respondí, algo ruborizada - Donde queda tu departamento? Me vas a llevar a conocer la ciudad verdad? .
-     Jajaja, claro que sí, vamos a tener todo el tiempo del mundo ahora. Espero que  elijas quedarte. Mi departamento queda por West Hollywood.
-     Puedo prender la radio?
-     Si, claro!

Toqué un botón de entre los muchos que había y enseguida un sonido ensordecedor nos envolvió. Este chico estaba loco.
-     
No lo bajes, no lo bajes! – gritó riendo, mientras me aturdía una canción de David Guetta.
-     No sabía que te gustaba esta música!
-     Es la radio Emma!

Yo reí, porque tenía razón. Pero el no intentó bajar el volumen, sino que empezó a manejar cantando y moviendo la cabeza, al ritmo de ‘I wanna go crazy’. Era así como me lo había imaginado, así de perfecto, de gracioso… de loco. Me esperaban unas buenas fiestas a su lado.

Yo no pude apreciar demasiado la ciudad, porque ya era noche cerrada, pero el hecho de estar allí ya me había volado la cabeza.
-     
Joe, ¿qué hora es? – le pregunté, porque sabía que la hora de mi reloj estaba totalmente mal.
-     Cinco horas menos que en tu país.

Cambié la hora, y me di cuenta que eran apenas las 8 de la noche. Pero como allí ya casi era invierno, estaba totalmente oscuro.

Unos diez minutos más tarde, llegamos a la zona conocida como West Hollywood, donde vivía Joe. Nos detuvimos delante de una elegante y exclusiva torre de departamentos, y dejamos el Jeep en el estacionamiento subterráneo. Luego bajamos, mientras él me guíaba y entramos directamente al ascensor (que, por cierto, era mil veces mejor que el de mi edificio). Subimos hasta el piso 37 en apenas segundos y salimos a un pequeño pero bien iluminado pasillo, con solo dos enormes puertas de madera. Joe sacó la llave, y entramos por la puerta de la izquierda: el departamento A.

Lo que ví, me dejó literalmente petrificada… tanto que Joe tuvo que darme un empujoncito para que entrara. Era una vista hermosa. El ambiente era realmente grande, con un ventanal que ocupaba toda la pared y dejaba ver una hermosa vista del centro de LA, a lo lejos. Era precioso.
-     
Te gusta? – preguntó él.
-     Es hermoso Joe! Me encanta! – y al decirlo, me dió un impulso de abrazarlo, así que lo hice.

El departamento, se podría decir más bien “casa”,  era  moderno y estaba muy bien decorado. Había un sofá blanco, una pantalla de TV de un tamaño espectacular, y la cocina estaba integrada al ambiente… Yo creo que mi madre hubiera matado por tener una cocina como esa. Era todo de verdad perfecto.

Me pegué más fuerte a Joe y él me dio unos besitos en la cabeza, pero luego buscó mi boca. Ya me estaba mal acostumbrando a tan buenos besos. Ninguno quería separarse, pero tuvimos que hacerlo para tomar aire, y entonces me preguntó si quería comer algo. La verdad es que no tenía nada de hambre… simplemente quería dormir toda la noche, para empezar mi nueva vida al otro día con mucha energía.
Creo que él me leyó los pensamientos, porque me agarró y me mostró el resto del departamento. Un toilette para las visitas (que era más grande que todo mi baño!) , y luego la habitación en suite. No había más cuartos, lo que me sorprendió un poco, solo ese. Una cama King Size llena de almohadones miraba hacia otro gran ventanal, que tenía una vista distinta. El vestidor era impresionante, y ni que hablar del baño!.

Nos quedamos parados allí un momento, y supe lo que Joe me iba a preguntar incluso antes de que abriera la boca.
-     
Esteeeem… ¿quieres dormir en el sofá, o… o conmigo? – su cara se puso de un color rojo intenso, lo que me dio bastante risa.

Yo dudé un momento, porque lo único que quería era dormir a su lado, pero me daba vergüenza decírselo así, ya que todavía no teníamos tanta confianza.
-     
Mmm… ehm Joe, ya sabés lo que te voy a decir jajaajaj … sería más comodo dormir en la cama. – Le largué.
-     Claro que sí Emma – dijo con  una sonrisa extraña.

Y no pude verlo cuando se acercó hacia mí,  me levantó y me tiró en la cama. Solo recuerdo el movimiento de sus labios contra los míos, buscándome con pasión.





   

9 de febrero de 2011

Capítulo 15

El avión ya nos esperaba, y al ser un vuelo privado, despegamos enseguida. Me senté con Joe, yo me quedé del lado de la ventana y miré alejarse mi ciudad, haciéndose cada vez más y más chiquita, con una extraña sensación de melancolía: tal vez nunca volvería a vivir allí. Pero al girarme y verlo a él, me convencí aún más de que lo que estaba haciendo era lo correcto.

Teníamos por delante unas cuantas horas en el aire, así que me dediqué a charlar con los tres hermanos. Los demás nos miraban y de vez en cuando venían y se sentaban con nosotros, pero luego se iban. Mi cuerpo ignoró el cansancio, porque estar con ellos como una igual y poder conocerlos en profundidad evitó que me durmiera. 

Habían pasado ya tres horas de las diez que eran el total del vuelo y nosotros todavía seguíamos hablando. Joe hacía bromas todo el tiempo mientras me contaba cómo sería vivir con él, Nick se mostró muy curioso preguntándome sobre mi vida y Kevin, bueno, él simplemente me tomó como una vieja amiga a la que no veía hace mucho. En un momento pensé que Karen hubiera matado por estar allí, en mi lugar, por al menos cinco minutos. Mi vida había dado un giro de 360 grados en apenas 24 horas sin que yo pudiera entender cómo.

Fue en ese viaje que me hice amiga de Nick y Kevin Jonas. Y bueno, también de Joe, aunque ese caso se podía considerar como algo más que una amistad. Supe desde el primer momento que podría confiar en ellos cuando tuviera algún problema.
Después de un rato, ya no pude disimular más el sueño que tenía. Y realmente, Joe tampoco; Nick se dio cuenta y se llevó a Kevin  (que no paraba de hablar!) a su asiento. Una noche de mal sueño y otra sin ni siquiera acostarme tenían sus consecuencias. De un momento a otro apenas podía mantener los ojos abiertos y agradecí no tener problema para descansar en los aviones con todo el ruido que había. Ya me estaba durmiendo, cuando sentí que Joe me agarraba y me acercaba hacia él, para que estuviera más cómoda. Después cerré los ojos y me borré del mundo por unas horas.

Al despertarme sentí un leve peso y me di cuenta de que la cabeza  de Joe estaba apoyada de una manera muy extraña sobre la mía, profundamente dormido. Sonreí un poco y noté el movimiento que había a nuestro alrededor: todos bajaban sus bolsos de mano y caminaban por el pasillo. Debíamos haber aterrizado, y no me había dado cuenta!. Al mirar por la ventana, confirmé lo que sospechaba: estábamos en el LAX, y era de noche ya. No tenía ni idea de la hora pero no me preocupó.
-     
Wake up you two! – gritó alguien, pero no reconocí quien.

Ahí Joe reaccionó y abrió los ojos medio sobresaltado. Estaba todo despeinado, igual que yo. Seguro estábamos los dos bastante demacrados porque nos miramos por un segundo y nos tentamos de risa, mientras nos levantábamos. Yo me estiré y sin querer  le golpee la cara, lo que provocó más y más risas.

Agarramos los bolsos y él rápidamente buscó algo en el suyo mientras bajábamos del avión, ya vacío. Sacó dos Ray Ban negros, de los que usaba siempre, y me dio un par. ‘Por los paparazzi, vas a tener que aprender a vivir con ellos ahora’ susurró. Yo me quedé helada. ¿Cámaras?  No estaba preparada para eso! Ni siquiera estaba bien arreglada!. Pero debía haberlo supuesto… estarían esperando a los Jonas llegar de su tour. Y tendrían muchos rumores más en cuanto me vieran a mí junto a Joe. Me entró un pánico terrible. Nunca me había enfrentado a ese tipo de cosas, pero me armé de confianza y fui con los tres hermanos y los demás a hacer los trámites, que por suerte, fueron veloces.

Nos despedimos de Nick, Kevin, Papá Jonas y de los otros, y nos fuimos volando a buscar las maletas porque Joe había dejado su auto en una estadía de un parking exclusivo del aeropuerto, para que pudiéramos irnos más rápido.  

Al abrirse las puertas, un mar de flashes se abalanzó sobre nosotros, impidiéndome ver nada por unos segundos. Varias voces gritaban cosas y preguntaban otras. Pude contar al menos cinco fotógrafos y otros dos camarógrafos siguiéndonos por todo el aeropuerto mientras Joe me tomaba del brazo y hacía como que no pasaba nada. Muchos curiosos se quedaban mirándonos y señalándonos. También escuché algunos gritos femeninos… pero veía todo pasar como un remolino detrás de los lentes oscuros.

Caminamos lo más rápido posible teniendo en cuenta que arrastrábamos con nosotros dos pesadas valijas, hasta que al fin, pudimos salir al estacionamiento. Las cámaras no se detuvieron, pero ya estábamos cerca. Caminamos impasibles hasta que Joe se detuvo delante de su enorme camioneta, que yo no había reconocido mientras nos acercábamos. Sacó las llaves, y abrió el baúl, ante una nueva ola de flashes y preguntas. Guardó rápidamente las dos maletas, cerró y me abrió la puerta para que subiera. Yo me apresuré a cerrar y ví que saludó a los paparazzi con un gesto, mientras daba la vuelta y subía a mi lado.

Me miró, sonrió y nos pusimos en marcha. Las cámaras nos fotografiaron por última vez y nos alejamos. Me invadió una oleada de paz cuando salimos por fin del aeropuerto y creo que solo me pareció a mí, pero Joe también se calmó. Me saqué los rayban y lo miré fijamente conducir por aquella enorme autopista… llevándome hacia mi nueva vida.


8 de febrero de 2011

Capítulo 14

Nick se fue a terminar de preparar su valija, pero prometió seguir la charla en el avión. Dijo que teníamos mucho de que hablar. La gente empezaba a salir de las habitaciones con sus cosas, ya que la hora de partir se acercaba.

Antes de poder hablar con papá Jonas, nos cruzamos con John Taylor, Garbo, y los chicos de Honor Society, que habían viajado como teloneros. Todos fueron muy simpáticos y me hicieron bromas; de entrada, ya me caían bien. Agradecí que Demi no formara parte de ese tour, porque no hubiera soportado ganarme su odio tan pronto, al verme con su ex.
 
Cuando por fin no tuve que saludar ni presentarme a nadie más, vimos salir a los dos Kevin (padre e hijo) de una de las habitaciones. Los dos se acercaron al vernos y Joe me agarró por la espalda, apretándome contra él.
-     Heeeeeeey! – gritó K2, riendo fuerte – Emma! What’s up? Welcome to our family!.  I’m sure you’ll be great friends with Danielle.

Le agradecí ante la atenta mirada de su padre que, para mi asombro, también sonreía. Apenas podía creer la buena onda de todos y lo rápido que me habían aceptado, incluso sin conocerme. Realmente me sorprendía que ninguno me hubiera mirado con mala cara; aunque era obvio que ese día, las conversaciones se centrarían en mí: la desconocida, la nueva chica de Joe.
-     
Encantado de conocerte, Emma - me dió la mano – Joe me habló mucho de vos ayer – dijo Kevin Jonas Sr., por supuesto, en inglés.
-     Lo mismo digo. Estoy muy agradecida por todo, Kevin. Todos son muy agradables y me están tratando muy bien, sin conocerme siquiera – traté de mostrarme lo más segura posible – Bueno, en realidad esto es como un sueño para mí… Conocí a sus hijos en el Meet & Greet de ayer, y  bueno, seguramente entenderá como me siento!.
-     Si eso me dijo Joe, también me contó que está enamorado de ti como nunca lo estuvo de ninguna chica, aunque te conoció hace apenas un día – dijo, mirándome fijamente - ¿Sientes lo mismo por mi hijo?. Disculpa que te lo pregunte, pero solo quiero saber si está bien que hagamos esta locura.

Me ruboricé. No esperaba eso, no, de ninguna manera esperaba eso. Pero yo lo amaba, amaba a Joe desde que me podía considerar su fan. Él se había quedado mirando a su padre algo incómodo al escuchar su pregunta.
-     
Papá, esta no es ninguna locura… – dijo cortante, pero yo lo interrumpí.
-     Por supuesto que sí. Amo a su hijo, de verdad. Desde la primera vez que lo ví, desde la primera vez que lo escuché cantar, supe lo que sentía. – dije con sinceridad. Papá Jonas me sonrió apenas.
-     Solo te pregunté porque no quiero ver sufrir a mi hijo por una mujer nuevamente. Pero si lo que sientes es real, bueno entonces no hay más nada que discutir.
-     Papá… por favor – pidió Joe. Entonces Kevin cambió el tema.

Seguimos hablando un rato los tres, metidos en una charla “light” diría yo. Hasta que  Papá Jonas me palmeó la espalda y me finalmente dijo “If you can make Joe happy, then welcome to the Jonas family”. Esta vez lo decía con alegría, como aceptándome. Yo sentí que necesitaba ser lo suficientemente buena para Joe y de nuevo me invadió una sensación de temor: todavía tenía que conocer a Denise Jonas y ganarme su aceptación. Eso sí que iba a ser difícil.

Eran ya casi las 11 de la mañana de aquel precioso día de primavera en mi país. Las fans ya se amontonaban afuera, esperando para despedir a sus ídolos. Me vi a mi misma entre la multitud. Las cosas hubieran seguido su curso normal de no ser por ese M&G.

La mayoría de los que integraban el tour ya habían bajado al lobby con sus cosas, ya que el avión salía a las 13.30 y había que apurarse. Joe se retrasó un poco, todavía acomodando la increíble cantidad de ropa que había traído. Yo me había quedado con él en su enorme habitación, escuchando los gritos de las fanáticas que se sentían desde abajo. Él me había tranquilizado un poco, porque yo todavía me sentía muy nerviosa; y me había dado algo de comer y tomar a modo de desayuno tardío. No había notado el hambre que tenía, aunque era obvio después de casi un día y medio sin probar bocado. Capítulo aparte merecía el sueño que había empezado a sentir.
Una vez que ya todo estuvo listo, nos preparamos para la peor parte: la salida del hotel. Los gritos ya aturdían, y era una sensación rarísima encontrarme del otro lado. Joe me pidió que subiera con él a la van en donde iban ellos tres, pero que no me dejara ver por ninguna fan. Salir de allí fue más difícil de lo esperado. Las tres van, custodiadas por la policía  se movieron despacio por entre las tantas chicas que se amontonaban y golpeaban los vidrios. Joe y Kevin saludaban contentos,  aunque era muy difícil que los vieran del otro lado. Nick se había quedado sentado cerca de mí y miraba hacia afuera conteniendo la risa. Yo tampoco lo podía creer; el amor que les tenían, que yo también sentía, era demasiado grande, pero hermoso.

Cuando por fin los vehículos se alejaron, me encontré un poco más a gusto.
-     Wow! That was exciting, wasn’t it? – gritó Kevin euforico – those girls are insane!.

Estas palabras dieron comienzo a una animada charla que incluyó a todos. El tour terminaba, pero estaban contentos de volver a casa. Hablé con Joe todo el trayecto hasta el aeropuerto, él era el más feliz, definitivamente… Me abrazaba cariñosamente ante la atenta mirada de su padre. En un momento me susurró algo solo para que yo escuchara, y literalmente, me quedé sin aire: ‘You are what I’ve been waiting for’. Me sonrió y se me fueron las palabras. Quería besarlo allí mismo, sentirlo, amarlo… pero por supuesto, no podía todavía.

4 de febrero de 2011

Capítulo 13

Después de un rato, la conversación entre mi padre y Joe no dio para más. Le había explicado todo: hasta los detalles del vuelo, las cosas que necesitaría yo, los cuidados que tomaría conmigo y todo lo referido a mi estadía allá, en Estados Unidos.
Yo ya era mayor para hacer lo que quisiera con mi vida, pero era obvio que a mis padres les había encantado Joe (incluso sin hablar español) y sobretodo mi padre, estaba tranquilo de que me fuera con él. Todavía estaba sorprendida del poco escándalo que habían armado.

-     Por favor, pensalo bien, volvé la semana que viene y pensalo de vuelta. No hagas nada loco y cuídate muchísimo por favor. Te estas yendo con alguien famoso Emma, cuidado con todo y con todos – me recomendó mamá abrazándome bien fuerte en la puerta. Ya se nos había hecho tardísimo.

Después de que me llenara de besos, pasé a papá.
-     Nena, tené cuidado, pero este chico es buenísimo, se nota.  Confío en vos, te quiero hija.
-     Yo también papá! – dije abrazándolo.

Luego Joe saludó con un beso en la mejilla a mi madre y se despidió de hombre a hombre con mi padre. Por suerte, se había ganado su confianza en solo una charla.
-     Muchas gracias – gritó él. Y saludamos juntos con la mano antes de cerrar las ventanillas polarizadas de la camioneta.

Eran casi las 8 de la mañana. En el asiento trasero se pegó a mí y me abrazó, calmándome un poco.
-     Ya está… - murmuré.
-     Así es, no fue tan difícil ¿no?. Ahora estoy tranquilo para que vengas conmigo. Le dije a tu papá que el mio lo llamará desde Los Angeles apenas lleguemos.
-     Ok. ¿Ahora vamos al hotel? – pregunté, acordándome de mis cosas, que estaban en el departamento.
-     No, yo voy al hotel a preparar mi valija y hablar con todos mientras te llevan a tu departamento a buscar lo tuyo. No tardes mucho por favor, no traigas demasiado.

El chofer nos llevó a la puerta del hotel, donde ya estaban los de seguridad contra las vallas, pero todavía ninguna fan. Nos dejaron pasar y Joe me dio un beso, saltó hacia afuera y se metió rápidamente en el lobby. Lo perdí de vista mientras le decía al conductor donde quedaba mi departamento.

Cuando llegamos, volé. Subí corriendo ante la mirada de una vecina que salía con su perrito. Abrí la puerta y no sé cómo hice, pero en menos de diez minutos tenía a mis pies una valija repleta con ropa, zapatillas, y mis cosas de baño. Además de un bolsito de mano con mis papeles, celular, algo de maquillaje y los pocos dólares que tenía ahorrados. Ni me cambié, ­­­­­­­­­­­­solo me arreglé un poco el pelo. No había más tiempo.

Le dí una última mirada a mí ‘casa’ y bajé tan rápido como había subido. Toda cargada llegué hasta la entrada del edificio, donde me esperaba el chofer. Me ayudó con las cosas y en menos de cinco minutos más estaba de ­­nuevo en la puerta del hotel. Me bajé, agarré mi valija, agradecí al conductor y entré al enorme y lujoso hall.

Alguien les había dicho que yo iba a venir, porque enseguida una joven se acercó a mí y me indicó que dejara todo en un rincón del lobby, junto a otras cosas que debían ser de la banda. Me guió hasta el ascensor, donde me dijo que subiera al cuarto piso, totalmente alquilado por los Jonas.­­­­

Mientras subía, los nervios se apoderaron de mí: estaba llegando el momento de conocer a todos, y más importante, de ser presentada  al papá de Joe. Cuando se abrieron las puertas, ví a una  enorme figura que me impedía pasar. Era Big Rob, que me sonrió y se corrió para que pudiera seguir mi camino, al pasar me dio unas palmaditas en la espalda, ya que seguro había notado mi cara de inseguridad.
El corredor estaba vacío, salvo por varias valijas y bolsas en las puertas de las habitaciones. Me percaté de que no tenía idea cual era la pieza de Joe, pero por suerte, antes de que pudiera llegar a preocuparme más de lo que estaba, se abrió una puerta un poco más adelante y escuché dos voces muy familiares. Primero salió Nick, seguido por el único a quien quería ver, que tampoco se había cambiado. No puedo explicar cuanto me calmé al verlo, simplemente supe que todo iba a estar bien, y que no había nada de que temer.

-     She’s here – dijo Nick, ante lo obvio.

Los dos caminaron sonriendo a mi encuentro. Joe no me saludó, pero en vez de eso me abrazó muy fuerte, como si no nos hubiésemos visto en días, y me murmuró ‘Welcome’… esa fue la primera de las muchas bienvenidas que recibí ese día. Nick me saludó con un beso en la mejilla, y  sonriendo me dio también la bienvenida a la familia. Yo me puse roja, pero lo miré con verdadera alegría. Mi sueño se estaba haciendo realidad.