4 de febrero de 2011

Capítulo 13

Después de un rato, la conversación entre mi padre y Joe no dio para más. Le había explicado todo: hasta los detalles del vuelo, las cosas que necesitaría yo, los cuidados que tomaría conmigo y todo lo referido a mi estadía allá, en Estados Unidos.
Yo ya era mayor para hacer lo que quisiera con mi vida, pero era obvio que a mis padres les había encantado Joe (incluso sin hablar español) y sobretodo mi padre, estaba tranquilo de que me fuera con él. Todavía estaba sorprendida del poco escándalo que habían armado.

-     Por favor, pensalo bien, volvé la semana que viene y pensalo de vuelta. No hagas nada loco y cuídate muchísimo por favor. Te estas yendo con alguien famoso Emma, cuidado con todo y con todos – me recomendó mamá abrazándome bien fuerte en la puerta. Ya se nos había hecho tardísimo.

Después de que me llenara de besos, pasé a papá.
-     Nena, tené cuidado, pero este chico es buenísimo, se nota.  Confío en vos, te quiero hija.
-     Yo también papá! – dije abrazándolo.

Luego Joe saludó con un beso en la mejilla a mi madre y se despidió de hombre a hombre con mi padre. Por suerte, se había ganado su confianza en solo una charla.
-     Muchas gracias – gritó él. Y saludamos juntos con la mano antes de cerrar las ventanillas polarizadas de la camioneta.

Eran casi las 8 de la mañana. En el asiento trasero se pegó a mí y me abrazó, calmándome un poco.
-     Ya está… - murmuré.
-     Así es, no fue tan difícil ¿no?. Ahora estoy tranquilo para que vengas conmigo. Le dije a tu papá que el mio lo llamará desde Los Angeles apenas lleguemos.
-     Ok. ¿Ahora vamos al hotel? – pregunté, acordándome de mis cosas, que estaban en el departamento.
-     No, yo voy al hotel a preparar mi valija y hablar con todos mientras te llevan a tu departamento a buscar lo tuyo. No tardes mucho por favor, no traigas demasiado.

El chofer nos llevó a la puerta del hotel, donde ya estaban los de seguridad contra las vallas, pero todavía ninguna fan. Nos dejaron pasar y Joe me dio un beso, saltó hacia afuera y se metió rápidamente en el lobby. Lo perdí de vista mientras le decía al conductor donde quedaba mi departamento.

Cuando llegamos, volé. Subí corriendo ante la mirada de una vecina que salía con su perrito. Abrí la puerta y no sé cómo hice, pero en menos de diez minutos tenía a mis pies una valija repleta con ropa, zapatillas, y mis cosas de baño. Además de un bolsito de mano con mis papeles, celular, algo de maquillaje y los pocos dólares que tenía ahorrados. Ni me cambié, ­­­­­­­­­­­­solo me arreglé un poco el pelo. No había más tiempo.

Le dí una última mirada a mí ‘casa’ y bajé tan rápido como había subido. Toda cargada llegué hasta la entrada del edificio, donde me esperaba el chofer. Me ayudó con las cosas y en menos de cinco minutos más estaba de ­­nuevo en la puerta del hotel. Me bajé, agarré mi valija, agradecí al conductor y entré al enorme y lujoso hall.

Alguien les había dicho que yo iba a venir, porque enseguida una joven se acercó a mí y me indicó que dejara todo en un rincón del lobby, junto a otras cosas que debían ser de la banda. Me guió hasta el ascensor, donde me dijo que subiera al cuarto piso, totalmente alquilado por los Jonas.­­­­

Mientras subía, los nervios se apoderaron de mí: estaba llegando el momento de conocer a todos, y más importante, de ser presentada  al papá de Joe. Cuando se abrieron las puertas, ví a una  enorme figura que me impedía pasar. Era Big Rob, que me sonrió y se corrió para que pudiera seguir mi camino, al pasar me dio unas palmaditas en la espalda, ya que seguro había notado mi cara de inseguridad.
El corredor estaba vacío, salvo por varias valijas y bolsas en las puertas de las habitaciones. Me percaté de que no tenía idea cual era la pieza de Joe, pero por suerte, antes de que pudiera llegar a preocuparme más de lo que estaba, se abrió una puerta un poco más adelante y escuché dos voces muy familiares. Primero salió Nick, seguido por el único a quien quería ver, que tampoco se había cambiado. No puedo explicar cuanto me calmé al verlo, simplemente supe que todo iba a estar bien, y que no había nada de que temer.

-     She’s here – dijo Nick, ante lo obvio.

Los dos caminaron sonriendo a mi encuentro. Joe no me saludó, pero en vez de eso me abrazó muy fuerte, como si no nos hubiésemos visto en días, y me murmuró ‘Welcome’… esa fue la primera de las muchas bienvenidas que recibí ese día. Nick me saludó con un beso en la mejilla, y  sonriendo me dio también la bienvenida a la familia. Yo me puse roja, pero lo miré con verdadera alegría. Mi sueño se estaba haciendo realidad. 

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