21 de febrero de 2011

Capítulo 18

Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábado y Domingo. Si me dieran a elegir un día de aquella semana, no podría  decidirme. Todos podían contarse como increíbles, y lamentablemente, irrepetibles.

No logré acostumbrarme a despertar a su lado ni siquiera al quinto día, y eso que cada vez estábamos más y más pegados. No podía negar que cada vez me estaba gustando más lo de estar con él. Estar con él, no en un sentido de espacio y tiempo, sino en el sentido de estar con él como pareja. Claro que nada era formal… todavía. Me sentía demasiado atraída hacia él, casi incontrolablemente. Porque no pasaba un maldito segundo de mi vida en que sus mirada no se me viniera a la mente o en que no recordara alguna palabra dicha por él. Simplemente, yo estaba descubriendo lo que se siente estar enamorada. Y me estaba gustando muchísimo.

En un rápido resumen… viví algunos de los días más intensos de mi vida en esa semana. Cada mañana desayunaba con un hombre perfecto, y cada noche me dormía con la misma perfección a mi lado. Durante la mañana nos dedicábamos a ponernos al tanto de todo en la computadora, o nos ocupábamos de nosotros mismos… o comíamos, o hacíamos todo eso junto. Casi todos los días almorzamos en el departamento, excepto el viernes y el sábado, en que Joe me llevó a comer al Kings Road Café junto a sus hermanos. Por las tardes, él me llevaba a pasear, a conocer lugares en Los Angeles o simplemente a tomar un helado por ahí. Todos los días fue diferente, pero ninguno mejor que otro. Amaba salir con él, le ponía a todo su toque de diversión personal.

Tuvimos que escapar de los paparazis algunas veces, pero igualmente nos fotografiaron estando juntos, y lo peor, besándonos lo que llenó las páginas de chismes e incluso nos hizo salir en varios programas. Ya habían averiguado mi nombre, mi procedencia y mis datos. Y mi twitter – que no usaba desde la noche anterior al concierto – se había llenado de comentarios y de followers. Joe y yo entrabamos mientras desayunábamos y nos reíamos del enojo de las fans, que iba creciendo a medida que pasaban los días. Él también recibía este tipo de comentarios, aunque por supuesto yo era la más afectada.

Creo que el miércoles decidí que no podía posponer más mi llamado a Karen, porque ella, que usaba muchísimo twitter ya debía haberse enterado de todo. Y por supuesto, iba a estar muy, pero muy enojada conmigo por no haberle dicho nada. Así que le pedí a Joe que me dejara sola en la habitación por un buen rato, y él pensó que lo mejor era irse mientras tanto al gimnasio (su cuerpo sin remera era algo digno de guardar en la memoria). Usé el teléfono de línea, porque mi celular no estaba sirviendo para nada allí.

Después de varios timbrazos me atendió una voz conocida, pero que sonaba confundida.
-     
¿Hola? , Hi? – preguntó la voz, seguro había reconocido el código del número con el que la llamaba, por eso preguntaba en inglés.
-     
KAREN, KAREN, SOY YO! Emma!
-     
EMMA! AAAAAAAA dios, pensé que nunca volveríamos a hablar – la verdad es que sonaba feliz, pero podía distinguir algo de molestia en el fondo – ESTAS CON JOE? JOE JONAS? ESTA AHÍ? ¿Por qué NO ME CONTASTE NADA? ESTAS EN ESTADOS UNIDOS? EN LOS ANGELES?
-     
Si nena, estoy con él, pero no esta acá. Ya se que me querés matar y te entiendo, yo haría lo mismo si fuera vos, te juro… pero tenés que entenderme: todo se dio tan de repente, tan… tan… que no se como pasó.
-     
Espero que sepas, porque quiero que me lo cuentes todo y ahora mismo.
-     
Claro que si amiga, espero que esto no haya arruinado nuestra amistad, de verdad. Te pido por favor que no lo hagas público, ya viste como esta mi twitter y no podría soportar más de porquería de prensa. Es realmente insoportable.

Y así comenzó nuestra charla… que se extendió por dos horas. Pobre cuenta del teléfono de Joe, pero él tenía para pagarla. Claro que sí.




No hay comentarios:

Publicar un comentario