Esa noche la cosa no había pasado ‘a mayores’ (ustedes me entenderán) pero él había sido demasiado tierno conmigo. Quizás más de lo que yo me merecería. Era todo tan irreal que al abrir los ojos no reconocí en donde estaba. La luz me daba exactamente en la cara, entrando de lleno por aquella gigante ventana que ocupaba toda una pared de la habitación, y se notaba que no era temprano. Pero no me importó.
Luego, me dí lentamente la vuelta y allí estaba él. Estaba tirado en la cama, pero a su lado había una bandeja con un par de cafés y unos muffins. Dios, había traído también el desayuno. Yo todavía estaba tendida ahí, pero él se acercó y me dio un besito en los labios.
-
Good morning Emma! – dijo, y me pasó un café.
Desayunamos tranquilamente, hablando un poco, mientras nos terminábamos el café.
Eran las 11 de la mañana de un Lunes. En una semana volaría a casa y me traería todo. Quería que despertarme a su lado fuera algo natural, algo de todos los días; en ese momento supe cuánto sufriría si debía volver a la rutina sin él. Simplemente lo supe.
Él día se pasó a un ritmo muy diferente para nosotros, bueno, creo que para mí… ni siquiera se arruinó cuando tuve que hablar con mis padres. Fue un llamado rápido, y me recordó que Karen todavía existía y que me había estado buscando. Tendría que ocuparme de eso. Pero antes de que ni siquiera pudiera ponerme a pensar en ella, Joe trajo mi valija a la habitación y ambos (todavía en pijamas) acomodamos mi ropa en el enorme vestidor. Él tenía muchísima ropa, había más que en un local!, pero el lugar era tan gigante que lo mío solo ocupó una pequeña parte… y todavía sobraba espacio.
Joe se estuvo riendo un rato largo de mi ropa interior, que yo no había podido esconder bien con el apuro que tenía, como si fuera un nene chiquito. Me reí con él, y luego me adentré en el baño por casi una hora: me hacía falta un buen baño y un arreglo para mi pelo, que estaba hecho un asco.
Cuando salí, escuché ruido en la cocina y allí estaba Joe, sentado en el desayunador usando su laptop.
-
¿Qué estás viendo? – le pregunté, aunque lo sabía.
- Lo lindos que somos.
El ‘somos’ me pegó fuerte. Escucharlo de sus labios casi me emocionó, pueden creer que estoy loca, pero así fue.
Ocean Up, Just Jared y mil blogs más hablaban de nosotros. Y repetían las fotos del aeropuerto. Todavía no sabían quién era yo, me calificaban como ‘la desconocida’ o algo así. Pero supe que no faltaría mucho para que algún conocido de twitter me reconociera en las fotos y les pasara mis datos. Y ahí sí, con Ray Bans a todos lados. Pero la verdad, es que tampoco me importó demasiado.
En ese momento tenía un día, una semana completa 100 por ciento para compartir con el amor de mi vida. Con Joseph Adam Jonas.
¿Qué más podía importarme?.
No hay comentarios:
Publicar un comentario